
Sin duda alguna, una de las funciones más significativas de los diputados es velar por los intereses generales de la nación y, de manera especial, por las necesidades básicas y problemáticas que afectan a las comunidades que representan. Este principio constituye el núcleo del mandato representativo dentro de los sistemas democráticos contemporáneos.Antes de profundizar en este artículo, quiero parafrasear a un ilustrado presente en mí, cuya célebre frase reza: “el sentido común no es tan común”. Movido por este dogma, este experimentado articulista alza la voz para empatizar con aquellas comunidades o zonas marginadas que carecen de recursos básicos e indispensables (agua, electricidad, escuelas, carreteras modernas, becas formativas, obras sociales, etc.).
Muchas zonas geopolíticas de nuestro país, a pesar de tener diputados, solo ven la figura de estos físicamente una vez al año, cuando se avecina un acontecimiento especial, como en las fiestas patronales, donde suelen donar víveres; o a falta de unos meses para la expiración de su cargo, donde muchas veces muestran su labia discursiva con promesas rotas cuando quieren permanecer en sus cargos antes de desaparecer nuevamente.

Ante esta realidad desgraciadamente asumida por la población, surgen interrogantes de diferentes grados: ¿Después de eso, qué? ¿Acaso no son más que evidentes los diferentes desafíos estructurales que sufren varias comunidades urbanas o rurales? ¿cómo se beneficia un determinado enclave ignorado por su diputado del plan de desarrollo que está experimentando el país? Desde la perspectiva teórica, Montesquieu destaca en su obra “El espíritu de las leyes” que el poder legislativo debe expresar la voluntad del pueblo y asegurar que las leyes respondan a las realidades de las distintas regiones del Estado.
En otras palabras, esto significa que el diputado no actúa de manera aislada, sino como representante de una comunidad específica cuya voz se hace presente en el Parlamento.Por tanto, velar por el interés público y abordar las principales problemáticas de la comunidad implica una labor de diagnóstico, mediación y propuesta: el diputado identifica las necesidades de su zona geopolítica, las traduce en iniciativas legislativas y supervisa su cumplimiento a través del control político al Ejecutivo. En contraposición, algunos diputados parecen haber olvidado su verdadero rol y el sentido del mandato popular.
Mientras el pueblo espera soluciones a los problemas sociales, económicos y, sobre todo, comunitarios, en el hemiciclo se observan actitudes que deshonran la función legislativa: unos duermen plácidamente durante las sesiones y otros, tristemente, son espectadores de lujo de las deliberaciones parlamentarias y no pronuncian una sola palabra en los debates.

Yéndonos al título preliminar del Reglamento Interno de la Cámara de los Diputados dice textualmente en su capítulo I, artículo 1: “La Cámara de los Diputados es el órgano legislativo del Estado y de representación popular de la Nación. Está integrada por cien miembros que son elegidos por un mandato de cinco años, mediante sufragio universal, directo y secreto, en elecciones generales que se celebran en un solo día y dentro de los sesenta días antes o después de la expiración de su mandato”.
Desglosando el término “sufragio universal, directo y secreto”, esto quiere decir que todo ciudadano adulto tiene derecho a votar, sin importar su origen, raza, género, nivel económico o educativo (sufragio universal); que los votantes eligen directamente a sus representantes sin intermediarios (sufragio directo); y que el voto es privado y nadie puede obligarte a revelar por quién votaste (sufragio secreto). En síntesis, el sufragio universal, directo y secreto garantiza que todos los ciudadanos puedan confiar sus votos eligiendo libremente a sus representantes de forma equitativa y confidencial, con la esperanza de que este pueda hacer efecto multiplicador en el Parlamento respecto a las necesidades básicas de sus entornos.
En este sentido, según el artículo 6 de este mismo instrumento legal, “una vez tomada posesión de su cargo, todo diputado representa al Pueblo de Guinea Ecuatorial y no únicamente a la circunscripción por la que haya sido elegido, ni a la zona o región de su naturaleza”. Desde esta afirmación, podemos entender que la figura del diputado tiene jurisdicción en todas partes del ámbito nacional y puede apoyar con acciones verdaderas, imborrables y duraderas en cualquier punto del país, y no limitarse a dar cajas de comida congelada a la población que no permanecerán siempre en el estómago. Y, destacando el momento inolvidable de las elecciones legislativas, cada ciudadano deposita su “voto de confianza” en un individuo que en el futuro será llamado diputado, para velar por los intereses y problemáticas que pudieran afectar a la comunidad o zona geopolítica donde desempeñará sus funciones fuera del Parlamento.

No es un ataque, sino una reflexión que invita a los honorables a despertar la conciencia inclinándose hacia las necesidades básicas de sus lugareños, porque , de este modo, la población volverá a dopositar su confianza a los verdaderos diputados que velan por los intereses de la Nación en general y en particular a las comunidades que representan.