La diferencia existente entre la fé cristiana y la doctrina islámica levanta el muro que divide a ambos espacios de sepultura.

En el municipio de Ela Nguema, donde se emplaza el cementerio más antiguo y concurrido de la antigua capital ecuatoguineana, predomina un desconocimiento en la ciudadanía sobre la existencia de un camposanto reservado exclusivamente para la comunidad musulmana. A diferencia del cementerio general, que ya muestra signos de saturación, el espacio habilitado para los adeptos a la religión islámica todavía cuenta con suficiente capacidad, favorecido en gran medida por su acceso reservado debido a costumbres fúnebres singulares de esta creencia religiosa.
Muchos ciudadanos carecen de información sobre este particular y lo perciben como “algo extraño”, empujando a los habitantes a caer en la idea de que todos los enterramientos en la jurisdicción de Ela Nguema se llevan a cabo en el mismo lugar. “De verdad, pensaba que eso no existía aquí en Guinea Ecuatorial, la separación entre musulmanes y cristianos a la hora de recibir santa sepultura”, confiesa un ciudadano.
Ismael, musulmán con residencia en Malabo, ha aclarado el porqué de estas diferencias tomando como aporte básico las normas y ritos que exige la fe musulmana a diferencia de las demás religiones: “tenemos dos lugares que son sagrados; la mezquita, que es el lugar de culto, y el cementerio, que concebimos como lugar eterno; en ambos espacios están totalmente prohibidas las decoraciones con flores o imágenes”.

Así mismo, Ismael ha explicado sobre los procesos de enterramiento de cuerpos sin vida, que son totalmente diferentes a la práctica cristiana convencional, descartando las prácticas ya conocidas por la población ecuatoguineana, que es mayoritariamente cristiana: “el cuerpo tiene que estar en el suelo sin que esté dentro del ataúd, la tumba solo puede ser cubierta de tierra, así lo exigen nuestras normas”.
Esta tradición no solo es visible en Guinea Ecuatorial, sino en todas partes del mundo donde exista el Islam. En España, por ejemplo, el musulmán Abu-Sharif, señaló en una entrevista con Servimedia que: “nosotros no tenemos día de los muertos. “El Islam propone no aportar flores, estatuas ni construir encima de la tumba; basta con señalar únicamente el lugar con una tabla o una lápida donde está enterrado el cuerpo; toda la tierra es una mezquita donde se adora a Dios”.
Según varios testimonios e investigaciones recientes sobre este tema, en el Islam, la prohibición de compartir cementerio con cristianos no se debe a un versículo específico del Corán, sino a la jurisprudencia islámica (Fiqh) y la tradición profética (Sunnah). Estas fuentes dictan que los musulmanes deben reposar en espacios exclusivos debido a sus rituales únicos de preparación y ritos de enterramiento.
La masificación de tumbas en el camposanto general y la amplitud del terreno desocupado en el cementerio musulmán ha generado interrogantes que invitan a una introspección colectiva: ¿Por qué no se ha informado con más claridad a la población sobre la existencia y disponibilidad de este terreno de sepultura reservado a musulmanes? ¿Podría ser este cementerio una alternativa temporal mientras se buscan soluciones para el colapso del cementerio general?