Este principio constituye el núcleo del mandato representativo dentro de los sistemas democráticos contemporáneos.

Antes de profundizar en este artículo, quiero parafrasear a un ilustrado presente en mí, cuya célebre frase reza: “el sentido común no es tan común”. Movido por este dogma, este experimentado articulista alza la voz para empatizar con aquellas comunidades o zonas marginadas que carecen de recursos básicos e indispensables (agua, electricidad, escuelas, carreteras modernas, becas formativas, obras sociales, etc.).

Muchas zonas geopolíticas de nuestro país, a pesar de tener diputados, solo ven la figura de estos —físicamente— una vez al año, cuando se avecina un acontecimiento especial, como en las fiestas patronales, donde suelen donar víveres; o a falta de unos meses para la expiración de su cargo, donde muchas veces muestran su labia discursiva con promesas rotas cuando quieren permanecer en sus cargos antes de desaparecer nuevamente.

Ante esta realidad desgraciadamente asumida por la población, surgen interrogantes de diferentes grados: ¿Después de eso, qué? ¿Acaso no son más que evidentes los diferentes desafíos estructurales que sufren varias comunidades urbanas o rurales? ¿cómo se beneficia un determinado enclave ignorado por su diputado del plan de desarrollo que está experimentando el país?

Fuente: El CAMACHISMO