‎Me apena ser testigo de una flagrante hipocresía intrínsecamente arraigada en la sociedad ecuatoguineana, y ejemplificada en el trato desigual del ecuatoguineano frente a sus iguales y expatriados. Para entender con claridad por dónde van los tiros de esta nota compleja que derrocha mi osada y elegante pluma, les comparto la siguiente reflexión: el guineano es como una casa que luce bien de puertas para fuera —con pintura fresca, azulejos, mármol y demás materiales de construcción de última generación— pero con desastrosa apariencia en su interior, embadurnado  por un olor fétido que quita glamour a su diseño interior.  

‎Muchos se preguntarán del porqué de este símil, pues la respuesta es tan simple como la oración del «Padre nuestro», y no porque lo piense yo, sino por las incontables quejas continuas que inevitable y cotidianamente se escuchan por cualquier rincón de nuestra sociedad, de hermanos que lloran desconsoladamente día y noche por el excelente trato que son objetos los ciudadanos expatriados en Guinea Ecuatorial (quienes gozan de mejores oportunidades y privilegios) en detrimento del bienestar del propio ecuatoguineano.

‎Vemos, escuchamos y leemos asiduamente en la prensa nacional (televisión, radio y medios digitales) la burrada de acuerdos multisectoriales que suscriben nuestros dirigentes que, en algunos casos, incomprensiblemente, conllevan más ventajas para los huéspedes, y con una diferencia abismal en comparación a los nativos.

‎Se dice vulgarmente que «dato mata relato». Y, sin ánimos de echar leña al fuego, quiero aportar una evidencia clara que certifica esta doble vara de medir: Juan Micha Obiang, como seleccionar del Nzalang Nacional, tiene un salario actual de 18.000.000 XFA (dieciocho millones); sin embargo, si hacemos una mirada retrospectiva, encontramos a técnicos expatriados como Esteban Bécker —por ejemplo—, que mensualmente cobraba 40.000.000 XFA (cuarenta millones) FCFA, doblegando la nómina salarial de Michá Obiang con su Staff (valoran más lo exógeno que lo propio).

‎Otro caso que tiene frustrado a los ciudadanos ecuatoguineanos —aunque se quejen en silencio— es el tema de la remuneración de los becarios residentes de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE). Los becarios sautomeños, por ejemplo, perciben una paga de 200.000 XFA/mes (doscientos mil), mientras los becarios nativos perciben una remuneración de nada más y nada menos que 30.000 XFA (treinta mil), porque sus iguales creen hacerles un favor dándoles estas “calderías”, mientras que deberían entenderlo como un mérito.

‎Estas informaciones no se extraen de la nada ni son producto de una invención periodística, en absoluto. Son datos totalmente verídicos cuya consecución «cuesta un ojo», pero el amor incondicional y el compromiso inquebrantable que me une a esta santa profesión prevalecerán siempre sobre cualquier otro interés.

‎Los nativos no escatimamos esfuerzos cuando el llamado es defender la bandera nacional, como muestra mínima de nuestro inmenso amor al país; contrariamente a los que proceden del extranjero, que vienen a hacerse millonarios y se lo servimos en bandeja porque justifican insensatamente que «El guineano no quiere trabajar» o se apoyan en estereotipos como «el guineano no es serio».

‎Creo que es momento de pensar más profundamente sobre estos aspectos. La solución no debería ser coaccionar a quien haga mención de estos temas públicamente, no es oposición, es una petición de mejora en pro de nuestro querido país; por ser este un motivo de peso en la fuga de cerebros que ha sufrido Guinea Ecuatorial en el último lustro.