
Imagen: cedida.
AUTOR INTELECTUAL: José Estanislao Abeso MBO MANGUE
La educación superior es, sin duda, uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de cualquier sociedad. Sin embargo, para los estudiantes de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE), el simple hecho de asistir a clases se ha convertido en una prueba de resistencia física y económica. La mudanza al nuevo campus universitario Papa León XIV, ubicado a 15 kilómetros de la ciudad de Malabo, ha expuesto una realidad alarmante: la falta de un sistema de transporte público eficiente y adecuado para la comunidad estudiantil.
Cada mañana, miles de jóvenes se enfrentan a una carrera contrarreloj. El nuevo campus, aunque moderno y espacioso, se encuentra geográficamente aislado de los principales núcleos residenciales de la ya ex capital. Para salvar esa distancia, la Universidad dispone de una flota de apenas cuatro autobuses. Una cifra que resulta irrisoria si se tiene en cuenta que la población estudiantil supera los dos mil alumnos. Es matemática básica: cuatro vehículos no pueden absorber la demanda de más de dos mil personas que necesitan llegar a la misma hora.
El resultado es un caos diario. Los estudiantes se ven obligados a esperar durante horas en paradas improvisadas, expuestos al sol inclemente o a la lluvia, con la incertidumbre de si lograrán subir a un autobús o si tendrán que buscar alternativas costosas en el transporte privado. Esta situación no solo genera un desgaste físico y mental evidente, sino que también impacta directamente en el rendimiento académico. Llegar tarde a clase por culpa de la falta de movilidad, o faltar a ella porque el presupuesto no alcanza para pagar un taxi compartido, es una realidad que muchos estudiantes de la UNGE viven a diario.

La distancia de 15 kilómetros, que en un vehículo privado podría recorrerse en veinte minutos, se convierte en una odisea de horas para quienes dependen del transporte universitario. La falta de frecuencia y la capacidad limitada de los autobuses crean cuellos de botella que desincentivan la asistencia y ponen en riesgo la continuidad de los estudios de muchos jóvenes que, simplemente, no pueden permitirse el lujo de llegar puntualmente a su centro de formación.
Es inaceptable que la principal institución de educación superior del país no cuente con la logística necesaria para garantizar el acceso equitativo a la educación. El campus Papa León XIV fue concebido como un espacio para la excelencia académica, pero sin un sistema de transporte que conecte eficazmente a los estudiantes con la ciudad, ese potencial se ve truncado.
Ante esta situación, es urgente que las autoridades universitarias y el Gobierno tomen cartas en el asunto. A continuación, se presentan algunas recomendaciones clave:
– Ampliación inmediata de la flota: Es imperativo adquirir un número significativo de autobuses que se ajuste a la demanda real de los más de dos mil estudiantes. La planificación debe basarse en la capacidad total de alumnos y en los horarios de mayor afluencia.
– Establecimiento de rutas y horarios estratégicos: Se debe diseñar un sistema de rutas que cubra los principales barrios de Malabo, con horarios frecuentes y coordinados con el inicio y fin de las clases.
– Subvención del transporte público: Si la universidad no puede asumir toda la flota, se debe explorar un sistema de subvención para el transporte urbano que conecte la ciudad con el campus, reduciendo el costo para los estudiantes.
– Participación de la comunidad estudiantil: Involucrar a los representantes de los estudiantes en la planificación del transporte para asegurar que las soluciones respondan a sus necesidades reales.
– Fomento del uso de la bicicleta y el transporte compartido: Si bien la distancia es larga, se pueden crear infraestructuras seguras y programas de incentivos para el uso de medios alternativos, así como regular el transporte compartido (taxis colectivos) para que sea seguro y asequible.

En definitiva, la falta de transporte no es solo un problema de logística; es una barrera para el desarrollo profesional de una generación. Invertir en un transporte eficiente para la UNGE es invertir en el futuro de Guinea Ecuatorial. Los estudiantes no deben elegir entre su educación y el acceso a ella.